viernes, 16 de noviembre de 2007


ORLÀN ES ELLA MISMA SU PROPIA OBRA DE ARTE

El performance es una de las expresiones artísticas más vitales e inquietantes de la actualidad. Su carácter efímero y su brutal cercanía con el espectador le confieren un sello difícil de controlar en otras disciplinas. Los ejecutores del performance son seres extremos por naturaleza, que desafían las convenciones del arte, y por lo mismo no son comprendidos con facilidad. Hay algunos que llevan este espíritu trasgresor a niveles insospechados (pensemos en el seropositivo Ron Athey, en el australiano del “tercer brazo” Sterlac, o en los mexicanos Semefo), algo que se enmarca en lo que el filósofo francés Jean Braudillard ha definido como “transestética”.

El ejemplo más radical de esta tendencia es el de la francesa Orlán, quien experimenta con la cirugía estática en su propio rostro. Desde 1990 se ha sometido a una serie de intervenciones quirúrgicas “inspiradas” en imágenes cuidadosamente seleccionadas del arte renacentista y post renacentista. Así, Orlàn tiene la frente de la monalisa de Leonardo Da Vinci, el mentón de la Venus de Boticelli, los ojos de la Psique de Gèrome, la boca de la Europa de Boucher, y su nariz proviene de la “escuela de Fontaineau”.

El total de su proyecto, que lleva por nombre La reencarnación de san Orlàn o imagen: nuevas imágenes, son siete operaciones en total, en las que ha permanecido consciente para, entre otras cosas, recitar poemas. Cada cirugía ha sido documentada en video, fotografías o libros, que se comercializan con el fin de solventar la totalidad de la transformación. Cuando ésta quede completa, comisionará a una agencia publicitaria para la creación de su nuevo nombre.

“Estoy interesada en la cirugía plástica” – ha dicho Orlán- porque es una lucha contra la naturaleza, la idea de Dios y el DNA. Creo que el cuerpo no es sagrado como la religión piensa, sino solo un vestido que puede ser cambiado”.

Un performance de esta naturaleza ésta lejos de alcanzar interpretaciones libres de prejuicios. Y en ciertas partes éste es el más claro ejemplo de que rebasa las convenciones; ni siquiera es advertido. En 1996 Orlán fue invitada a la Expo Arte que se realizaba en Guadalajara. Más de alguna persona que se topó con ella en los pasillos desvío misericordiosamente la vista pensando que se trataba de alguna enferma, que sufría tumores (Orlán se ha hecho unas extrañas protuberancias en las sienes y el cuello) o deformaciones genéticas.
Terrible paradoja: en el caso de Orlán es ella misma su propia obra de arte, y se le puede observar fríamente. Sin embargo, ella no permite que se le tomen fotografías, ya que vive del comercio de su imagen.

Regresando a Baudrillard su concepto de transestética, el coterráneo de Orlán explica en su libro la transparencia del mal que “la mayoría de las imágenes contemporáneas, video, pintura, artes plásticas, audiovisual, imágenes de síntesis, son literalmente imágenes en las que no hay nada que ver (…); lo máximo que se presiente es que detrás de cada una de ellas ha desaparecido algo. Y sólo son eso: la huella de algo desaparecido”.
En el caso de Orlán, su arte no sólo refleja la disolvencia de su rostro original y la ausencia de armonía; en el fondo se advierte algo todavía más truculento, acorde con las profecías finiseculares que no se cansan de pregonar el fin del hombre: una especie de sensibilidad posthumana. Orlán lucha desesperadamente contra dos hechos fundamentales que marcan el destino de todo ser humano: la herencia genética y el azar. Y les da la vuelta de tuerca al utilizar la cirugía plástica para cuestionar la idea de la belleza y estética: Orlán representa el primer rostro quirúrgico cuya finalidad no es ser hermoso.
Gilles Lipovestky dice en su libro La era del vacío que a cada generación le gusta identificarse con una figura mitológica, y que Narciso es, a los ojos de muchos investigadores, la figura de nuestro tiempo. Y explica: “Humanización, subjetivación: estamos inmersos en una cultura de la personalidad a condición de precisar que el propio cuerpo se convierte en el sujeto…”.

Y en un mundo en el que se les arregla la sonrisa incluso a los muertos, el arte de Orlán aniquila todo aquello que nos aferra a nuestra humanidad.

Tomado de la revista “La sonrisa de la Hiena”

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Definitivamente esta artista francesa es ecepcional, eso sin entrar en polemica de si lo que hace esta bien o mal, seguro su trabajo es altamente cuestionado, pq hay quien pueda decir que lo que ella hace definitivamente no es arte, y otros que encambio sì, lo consideren asi...
Eso ya depende de la visiòn y concepto de arte de cada quien..
Lo que si no es cuestionable ese q esta mujer tiene una forma de expresiòn artistica bastante radical...
Muy bueno el contenido de la blog, la vdd no conocia mucho acerca de esta artista, asi que siempre es de agradecerse toparse kon paginas cmo esta...

Karla Liliana Espinoza Granados dijo...

me parece interesante su blog, creo que el diseño es perfecto para el tema, y la informacion dada deja claro de quien y lo que ha hecho esta mujer, creo que deja a la espectativa que en estos tiempos cualquier forma de expresion que no dañe a terceros puede consierarse arte.