miércoles, 21 de noviembre de 2007

BIOGRAFIA


UN POCO DE SU VIDA

Orlán es una artista francesa alarmante y polémica, nació el 30 de mayo de 1947 en Saint-Etienne, (Loire) Francia, desde 1983 reside y trabaja en Paris.

Orlán ha sido la primera artista en utilizar la cirugía como medio artístico.

Cuenta con una trayectoria artística de casi 40 años. Desde las primeras performances en 1964 hasta las obras realizadas en el 2001, pasando por el gran auge de los años 90 con sus "acciones quirúrgicas".

Hasta el momento se ha hecho nueve operaciones en el rostro, seis en Europa y tres en los EEUU, concretamente en Nueva York. Orlán ha aclarado que su propuesta no encaja dentro del body art; ella no intenta el embellecimiento del cuerpo, muy al contrario sus performances son repulsivas: sangre, bisturí, tijeras cortando trozos de piel, anestesia, contusiones...en definitiva, arte carnal.

Una de sus performances más provocadoras fue la realizada en Nueva York en el año 1993, cuando se implantó silicona en pómulos, mentón y a ambos lados de la frente. A través de este uso descontextualizado de la cirugía plástica pretende denunciar las presiones sociales ejercidas sobre el cuerpo femenino y hacer reflexionar sobre los estereotipos del canon de belleza occidental, siendo la historia del arte una constante fuente de inspiración.

Actualmente además de ocupar un puesto envidiable entre los artistas contemporáneos, ocupa un alto cargo en el Ministerio de Educación francés, además de colaborar en programas sociales enfocados hacia los inmigrantes.

VIDEO DE ORLÁN

viernes, 16 de noviembre de 2007

ORLÁN A TRAVÉS DE SUS OPERACIONES PRETENDE SER ABSOLUTAMENTE EXCEPCIONAL Y ÚNICA


Orlan es una artista de la performance. Trabaja sobre el estatuto del cuerpo en nuestra sociedad contemporánea programando su propia mutación mediante cambios de cuerpo y de imagen. Gracias a los medios artísticos y tecnológicos, desvía de sus usos habituales la cirugía estética y la imagen digital.
Orlan es una artista multimedia que utiliza el vídeo, la fotografía digital, la cirugía, y que hace de su cuerpo el lugar de producción y explotación de sus intervenciones artísticas, inspiradas en la iconografía barroca, grecolatina y precolombina.


Su obra choca con los conceptos clásicos de la identidad, con los tabúes vinculados a los mitos de la feminidad, a la angustia de la apertura del cuerpo, a los límites del arte dentro de la complejidad de los modelos filosóficos, religiosos y psicoanalíticos.

La cirugía es usada para reparar o embellecer el cuerpo humano sin que nadie se indigne por ello. Al contrario: es vista como un signo que participa de un libre mercado que define los standards de belleza. Orlan ha decidido usar la cirugía de un modo muy diferente: en nombre de arte. Con los ojos bien abiertos, la voz resuelta y plena consciencia durante la operación, su cuerpo es conectado a diversos sistemas de transmisión interactiva, combinación de cibernética y biología. Este ejercicio de extremo riesgo responde à un grandioso programa de mutación que la artista efectúa sobre su propio cuerpo en el "teatro de operaciones". La película está basada en la evolución y la revolución de su morfología a lo largo de sus "performances".

Las operaciones son especialmente musicalizadas, el staff quirúrgico lleva ropa creada para la ocasión por diseñadores como Paco Rabanne o Issey Miyake, a veces Orlan usa máscaras de teatro, disfraces, lee poesías o textos durante las intervenciones. (Antonin Artaud, Julia Kristeva, etc. Fue operada en Europa y E.E.U.U. y planifica la próxima intervención en Japón donde habrá de crearse mediante complicados implantes injertados, una nariz como las de los clásicos frisos griegos que nace aparentemente de la frente. Orlan trata su propio cuerpo como si fuera un material cualquiera que un artista puede manipular a su antojo. Su carne abierta deviene espectáculo, el cuerpo es equivalente a la tela como soporte sobre la que se gesta la obra.

Orlan se jacta de ser la primera artista en utilizar la cirugía plástica para hacer su propio autorretrato. Procede con una fría lógica cartesiana reconstruyendo imágenes mitológicas de mujeres y las recombina en su rostro para crearse a sí misma. ¿Por qué esas mujeres? Contesta Orlan: -"Diana por su característica de diosa agresiva, Psyché por su belleza espiritual, Europa de Gustave Moreau por su amor a la aventura, la Venus de Boticelli por ser la diosa de la fertilidad y la Mona Lisa de Leonardo por su inteligencia."

Las estrategias de fragmentación y la disociación propuestas por Orlan en sus operaciones-performances transforman al cuerpo en un conjunto de elementos inconexos, sustituibles y eternamente superables. Es un cuerpo robotizado que niega su dimensión simbólica al responder sólo a su funcionalidad.

Orlan quiere hacer estallar los razonamientos naturalistas de los códigos sociales en un juego irresistible de disolución del cuerpo, va mas allá de la ambigüedad y de la asunción del doble de sí misma. Como una nueva Frankestein, plantea una fuga radical de la naturaleza en un acto subversivo, que desmiente la diferencia de los sexos para desembocar en la andróginia.

Con sus intervenciones quirúrgicas intenta encubrir la furia narcisista que le genera la realidad de la muerte, la incompletud, la castración simbólica que nos convierte a todos en sujetos de la cultura, falibles, incompletos, carentes y mortales.

Orlan, no quiere sufrir, a diferencia de los artistas del body art, pretende la purificación a través del dolor, ni su obra responde, en lo manifiesto, a las características de las prácticas rituales masoquistas. Orlan transmite a través de sus operaciones el deseo de ser eternamente, como un ser absolutamente excepcional y único.

ENTREVISTA A ORLÁN

SIN LIMITES: UNA ARTISTA RADICAL


Corinne: A menudo he pensado con preocupación que el artista ocupa en nuestra sociedad un rol sacrificial, como Juana de Arco y hasta como Cristo mismo debe hacerse incendiar o crucificar para ofrecer un servicio a la sociedad, ¿cuál es tu reflexión al respecto?

Orlan: “Sí, es muy terrible el lugar que le toca al artista contemporáneo si no acepta hacer un arte para el mercado, para complacer al establishement, hoy son pocos los artistas que arriesgan, el arte está domesticado, todo es complaciente anodino, inofensivo”.

Corinne: Con tus obras no hay duda que pretendes extender los límites del arte, me pregunto hasta dónde es eso posible manteniendo las características del arte mismo. ¿Cuáles son tus límites, Orlan? ¿Dónde se rompe la cuerda?

Orlan: “No tengo límites, por eso soy una artista radical. Mi acción es precursora de un cambio de status del cuerpo, hay que repensar el cuerpo desde lo político, social, mi obra denuncia las presiones sociales ejercidas sobre el cuerpo femenino”.

Corinne: Si pudieras renacer en el año 2000, comenzar de nuevo, ¿elegirías ser artista?

Orlan: “No, seguramente no, el medio del arte es horrible, patético, es una lucha muy dura para mí. Hubiera elegido ser científica, médica, o bióloga”.

Corinne: ¿Por qué? Cuál es el trabajo que te gustaría hacer?

Orlan: “Investigaría el cuerpo, trabajaría para alargar la vida, en el futuro la tecnología logrará todo lo que se proponga”.

Corinne: Se diría que quisieras poner todas tus energías en evitar la muerte.

Orlan: “Es terrible tener que envejecer y morir. No lo acepto, no, nunca lo voy a aceptar”.

Corinne: Volvamos a tus operaciones, tus performances en el quirófano me despiertan sentimientos encontrados, pienso que se produce una caída de la metáfora, quiero decir que cuando utilizas el cuerpo para referirte a las conflictivas que suscita en lugar de hacer una alusión poética a su dramática, tu obra produce un grado tal de concreción en lo real que me recuerda la relación entre erotismo y pornografía.

Orlan: (Visiblemente enojada) “Ah! No, de ninguna manera, en mis performances hay mucha poesía, lo dicen los mejores críticos, yo armo una "mise en scene" bellísima, la música está muy cuidadosamente elegida, el vestuario, las lecturas durante la operación, todo es muy elaborado. Lo que ocurre es que mi transgresión es brutal, es revolucionaria, es totalmente radical y eso no es fácil que lo entiendan todos. Yo confío en el dictamen del próximo siglo, de todos modos yo nunca produciría un arte que sea aceptado sin cuestionamientos, porque sólo creo en un arte radical y absoluto”.

Corinne: ¿Por qué no has tenido hijos?
Orlan: “No he querido, yo soy feminista y pienso que los hijos me hubieran impedido llevar adelante mi trabajo. Y siempre he pensado que la mujer tiene que liberarse de esa exigencia social, debe tenerlos sólo si los desea, yo no los deseé. No lo lamento”.
Corinne: ¿Cuál es el sentido de la intervención en la que te implantaron dos protuberancias en la frente? (que Orlan maquilla a tres colores con sombras perladas para resaltarlas.)

Orlan: “Cierto sector de la prensa muy maledicente no había comprendido el significado de mis intervenciones anteriores, creyeron que yo sólo trataba de ser mas bella y por eso elegía a las mujeres más notables de la historia del arte. Quise demostrar que no es así, con mis implantes quedó claro que mi intención no es responder a un canon de belleza, que justamente cuestiono, por otro lado soy absolutamente original y los he desorientado. De todos modos, la prensa me endilga ahora otras pavadas”.

Corinne: Yo creo que toda tu obra es como un gran desafío a la muerte pero que en realidad le tienes tanto horror a la muerte que no puedes imaginarte muerta. ¿Me equivoco...? Podrías fantasear ahora una obra con relación a tu muerte?

Orlan: “Yo he dado mi cuerpo al arte. Después de mi muerte no se lo daré a la ciencia, sino a un museo. Será la pieza central de una instalación con vídeo, ya lo he previsto todo pero no quiero hablar de mi muerte, yo no la creo, pienso que en el futuro la gente no va morir, la ciencia, te decía, brinda esperanzas, y si tengo que morir demostraré que soy una artista hasta el final”.

Extracto de una entrevista realizada a Orlan por Corinne Sacca Abadi, el 15 de junio de 1997 en Venecia.

ORLÀN ES ELLA MISMA SU PROPIA OBRA DE ARTE

El performance es una de las expresiones artísticas más vitales e inquietantes de la actualidad. Su carácter efímero y su brutal cercanía con el espectador le confieren un sello difícil de controlar en otras disciplinas. Los ejecutores del performance son seres extremos por naturaleza, que desafían las convenciones del arte, y por lo mismo no son comprendidos con facilidad. Hay algunos que llevan este espíritu trasgresor a niveles insospechados (pensemos en el seropositivo Ron Athey, en el australiano del “tercer brazo” Sterlac, o en los mexicanos Semefo), algo que se enmarca en lo que el filósofo francés Jean Braudillard ha definido como “transestética”.

El ejemplo más radical de esta tendencia es el de la francesa Orlán, quien experimenta con la cirugía estática en su propio rostro. Desde 1990 se ha sometido a una serie de intervenciones quirúrgicas “inspiradas” en imágenes cuidadosamente seleccionadas del arte renacentista y post renacentista. Así, Orlàn tiene la frente de la monalisa de Leonardo Da Vinci, el mentón de la Venus de Boticelli, los ojos de la Psique de Gèrome, la boca de la Europa de Boucher, y su nariz proviene de la “escuela de Fontaineau”.

El total de su proyecto, que lleva por nombre La reencarnación de san Orlàn o imagen: nuevas imágenes, son siete operaciones en total, en las que ha permanecido consciente para, entre otras cosas, recitar poemas. Cada cirugía ha sido documentada en video, fotografías o libros, que se comercializan con el fin de solventar la totalidad de la transformación. Cuando ésta quede completa, comisionará a una agencia publicitaria para la creación de su nuevo nombre.

“Estoy interesada en la cirugía plástica” – ha dicho Orlán- porque es una lucha contra la naturaleza, la idea de Dios y el DNA. Creo que el cuerpo no es sagrado como la religión piensa, sino solo un vestido que puede ser cambiado”.

Un performance de esta naturaleza ésta lejos de alcanzar interpretaciones libres de prejuicios. Y en ciertas partes éste es el más claro ejemplo de que rebasa las convenciones; ni siquiera es advertido. En 1996 Orlán fue invitada a la Expo Arte que se realizaba en Guadalajara. Más de alguna persona que se topó con ella en los pasillos desvío misericordiosamente la vista pensando que se trataba de alguna enferma, que sufría tumores (Orlán se ha hecho unas extrañas protuberancias en las sienes y el cuello) o deformaciones genéticas.
Terrible paradoja: en el caso de Orlán es ella misma su propia obra de arte, y se le puede observar fríamente. Sin embargo, ella no permite que se le tomen fotografías, ya que vive del comercio de su imagen.

Regresando a Baudrillard su concepto de transestética, el coterráneo de Orlán explica en su libro la transparencia del mal que “la mayoría de las imágenes contemporáneas, video, pintura, artes plásticas, audiovisual, imágenes de síntesis, son literalmente imágenes en las que no hay nada que ver (…); lo máximo que se presiente es que detrás de cada una de ellas ha desaparecido algo. Y sólo son eso: la huella de algo desaparecido”.
En el caso de Orlán, su arte no sólo refleja la disolvencia de su rostro original y la ausencia de armonía; en el fondo se advierte algo todavía más truculento, acorde con las profecías finiseculares que no se cansan de pregonar el fin del hombre: una especie de sensibilidad posthumana. Orlán lucha desesperadamente contra dos hechos fundamentales que marcan el destino de todo ser humano: la herencia genética y el azar. Y les da la vuelta de tuerca al utilizar la cirugía plástica para cuestionar la idea de la belleza y estética: Orlán representa el primer rostro quirúrgico cuya finalidad no es ser hermoso.
Gilles Lipovestky dice en su libro La era del vacío que a cada generación le gusta identificarse con una figura mitológica, y que Narciso es, a los ojos de muchos investigadores, la figura de nuestro tiempo. Y explica: “Humanización, subjetivación: estamos inmersos en una cultura de la personalidad a condición de precisar que el propio cuerpo se convierte en el sujeto…”.

Y en un mundo en el que se les arregla la sonrisa incluso a los muertos, el arte de Orlán aniquila todo aquello que nos aferra a nuestra humanidad.

Tomado de la revista “La sonrisa de la Hiena”